Artículos y notas > Después del disparo

La cacería, como ya hemos leído y oído infinidad de veces, comienza con la preparación de la misma. Desde el momento en el cual concretamos con nuestro guía o amigos la especie, la región, la modalidad de caza y toda una serie de detalles con los cuales ya nos sentimos “cazando”. Por supuesto que todo esto es verdad, además cada uno lo asimila de una manera independiente y particular.

Pero el punto de inflexión en una cacería, siempre termina siendo el disparo. Es el momento culmine, la coronación de un buen acercamiento, horas de práctica en el polígono y un sin fin de cuestiones que se ponen en juego en pocos segundos. Aquí es donde quiero detenerme ya que no todo sucede de la mejor manera o como quisiésemos.

La mayoría de los cazadores en este momento olvidan premisas básicas a seguir en una situación en donde el primer disparo no es certero. Lo cual es completamente comprensible entre el cansancio de una larga caminata con un fusil que termina pesando veinte kilos, la excitación propia del momento y los inconvenientes que tiene cada topografía en particular. Esto termina siendo una combinación difícil, la cual va en desmadro de un buen disparo.

Dando por descontado la elección de un trofeo y una distancia prudencial para tener una relativa seguridad del impacto, es imprescindible tomar un punto de referencia para reconocer la ubicación aproximada del animal en cuestión luego de nuestro primer disparo. Esto tiene dos finalidades fundamentales; si el animal cae abatido instantáneamente poder encontrarlo rápidamente, pero en el caso de un animal herido es importante saber desde donde comenzó la huida para seguir un rastro, observar si existen destinos de sangre para conocer o suponer donde fue acertado. Al no encontrar sangre, pero tener esa relativa seguridad de haberle acertado, es fundamental encontrar rastros, entenderlos y ver que en el momento en que un animal recibe el disparo, en los rastros de las patas traseras, deja marcas más profundas que en las normales. Esta puede ser otra forma de análisis para llegar a la conclusión de seguir al trofeo o continuar con la búsqueda de otra pieza.

Otra cuestión a recordar es inmediatamente luego del disparo, extraer la cápsula servida e introducir una nueva, ya que siempre existe la posibilidad de un segundo disparo por una repentina huida del animal o para anular sufrimientos innecesarios. Por supuesto que si nos encontramos cazando especies de las denominadas “peligrosas” esto tendría una importancia vital, ya que puede depender de esto, un desenlace fatal.

Además este procedimiento lo debemos llevar a cabo sin dejar de mirar nuestro foco de atención, el trofeo, para estar prevenido a una rápida estampida de los animales cercanos, puesto que es muy común confundir al animal abatido con un ejemplar de características semejantes en una corrida. Y el resultado de este error es el seguimiento de otro trofeo y hasta posiblemente un trofeo perdido en el coto y otro herido.

Otra posibilidad es plantear un fusil de apoyo en momentos difíciles, el cual puede esgrimir el guía u otro compañero de caza. Y creo yo, esto debe estar estipulado con anterioridad para evitar malos entendidos. A diferencia de la caza menor, el dueño de la pieza abatida, es quien acertó el primer disparo (primera sangre), por esto el segundo tiro, aunque no sea del mismo fusil, no quita la pertenencia del trofeo al cazador. Lo que sí quita son problemas, puesto que si el animal se va herido y esto es fehacientemente comprobable deberá pagar el total del trofeo por un malentendido concepto.

Amen de todo esto, vivir una situación semejante plantea un sentimiento de camaradería y pertenencia entre los integrantes de una partida de caza difícil de explicar, pero estoy seguro que una salida sin este factor fundamental de interrelación entre los cazadores no tendría el mismo valor.

Redacción: Massun

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