Artículos y notas > Entre la historia, la tradición y la cacería

Alrededor del año 800 D.C los soberanos Europeos, llegaron a considerar y proclamar el derecho a la Caza como una prerrogativa exclusivamente de la realeza. La caza de esta forma se convirtió en una de las actividades preferidas por los integrantes de las Cortes del viejo continente. Por esta razón, se vió rodeada de la elegancia del protocolo y el ceremonial Real.

De aquellos tiempos deviene la conocida frase “la Caza como deporte de Reyes”. Algo que quedó en el inconsciente colectivo de las sociedades hasta nuestros días. Lo cual no condice totalmente con la realidad, ni tiene una fundamentación concisa. Pero igualmente, no hay nada más real que una creencia y por ello la cacería tiene ese tinte elitista.

Podemos mencionar a modo de ejemplo al Rey Luis XV, quien en el año 1726 estuvo 276 días de cacería o al Papa León X, que gobernó la iglesia a principios del siglo XVI. Tenía por costumbre dedicar el mes de octubre a la caza. Tanto es así, que según consta, su maestro de ceremonias, Paris de Grasse, se quejaba de que el Papa tenía tanto tiempo puestas sus botas de cacería, que nadie podía besarle los pies. O el conocido Conde de Yebes por su famoso libro “Veinte años de Caza Mayor”, con el exquisito prólogo del filósofo español José Ortega y Gasset.

Se erigieron primorosos castillos con el objeto de satisfacer este elitista pasatiempo y algunos de ellos se mantienen hasta hoy día, como el jardín de Léasen, antiguo coto de caza de los Habsburgos. La reserva de caza real holandesa, cerca de Apeldoorn, de considerable extensión. Otro pabellón de caza, el de quien fue dueño hasta fines de la segunda guerra mundial, la familia alemana Krupp, en Bluhnbach. El Museo de la Caza, en Munich, el más famoso del mundo. Como demostración de esta realidad tenemos en nuestro país, un recordatorio más reciente, el conocido Castillo de Don Pedro Luro, el cual nació como un coto de caza en la provincia de La Pampa. El cual fue convertido en un Parque Nacional.

Pero con la revolución francesa a fines del siglo XVIII, se dio fin a las prerrogativas reales. Este es el punto de partida para la Caza como deporte, sin distinción de clases sociales. Pero, por supuesto, con tal carga histórica, la Caza Deportiva guarda en sus usos y costumbres tradiciones que vienen al caso recordar.

En el momento en el cual el cazador se acerca al animal abatido, se quita el sombrero. Se coloca una pequeña rama en la boca del animal como muestra de último respeto, lo cual se llamaría en alemán “letzer Bissen” (último bocado), el cazador toma otra pequeña rama de abeto, moja el extremo partido en la sangre del animal, la pone en el pliegue de su sombrero, y se la ofrece al cazador siguiente con un “Weidmannsheil” (vivan los cazadores). El cazador responde entonces “Weidmannsdank” (gracias de cazador), y la coloca en el lado derecho de la banda de su sombrero. Luego de dar caza al trofeo, el cazador se sienta cera del animal durante un breve período de tiempo en silencio como acto final de respeto, denominado “Totenwache” (guardia de honor).

Al finalizar la jornada la totalidad de las piezas cazadas se colocan sobre el lado derecho, en filas ordenadas según su categoría. Los primeros animales son los ciervos, luego los jabalíes, zorros, las liebres, los conejos y las aves. El rango dentro de cada especie está basado en su tamaño. Este acto solemne y pintoresco está regido por un estricto protocolo. El cazador principal abre la ceremonia y se tocan varias llamadas por una banda de cuernos de caza. Se pronuncian breves alusiones por los principales organizadores o invitados. Se ofrece un brindis y se quitan los sombreros como el último acto de deferencia a los trofeos cobrados. Un concierto final de cuernos de caza interpreta el equivalente al toque de silencio.

En cualquier tipo de cacería, como finalización del acontecimiento, es virtualmente obligatoria una comida festival. Se pronuncian discursos, brindis y aquí hacen su entrada las canciones de cacería, las cuales están muy arraigadas a la cultura cinegética europea. Se elige al “jadgkoening” (rey de la caza), al cazador con mayor o mejor caza del día.

Frecuentemente el banquete se ve seguido del tribunal de cazadores, un simulado juicio a los cazadores que hayan violado costumbres de caza durante el día, que son citados a comparecer ante la justicia.

Redacción: Massun

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